No hay cuentas, ni pruebas gratuitas, ni panel de control. Lo que existe es una forma de trabajo: entender cómo se comporta tu atención frente a la pantalla y qué hacer cuando el sistema detecta tensión emocional anómala. Las modalidades se diferencian por el grado de acompañamiento en la lectura de esas señales, no por niveles de servicio ni por condiciones comerciales.
Una conversación para entender qué mide el sistema y qué no mide. Se repasa qué señales se registran —movimiento ocular, microtemblor de la mano, ritmo de clics— y cómo se combinan con la hora del día y las pausas. También se aclara el alcance real: el sistema no diagnostica ni sustituye criterio clínico, solo ajusta los límites de riesgo disponibles cuando aparece una carga cognitiva alta. Sirve para decidir si este enfoque encaja con tu forma de operar.
Escribir una consulta generalUn recorrido más detenido sobre cómo interpretar lo que el sistema reporta durante la sesión. Se trabaja sobre casos concretos: fijaciones cada vez más breves, saltos entre pestañas, retorno repetido al mismo gráfico. La idea es que puedas reconocer esos patrones en tu propia operativa y entender por qué la reducción del límite es una pausa técnica, no un castigo. El operador conserva siempre la posibilidad de cerrar posiciones abiertas y revisar el historial reciente antes de continuar.
Ver cómo se aplica el enfoquePara quienes ya trabajan con el sistema y quieren ordenar lo que ocurre cuando se activa un aviso en pantalla. Se revisa el orden de los avisos, cómo se comunica la reducción del margen disponible y qué información conviene registrar para entender después por qué se activó. No se prometen plazos de respuesta ni niveles de servicio: el contacto disponible es únicamente para consultas generales.
Revisar capacidades del sistemaAntes de escribirnos conviene tener claro el perímetro. NeuroLímite no vende cuentas ni entrega un panel para operar: lo que se ofrece son modalidades de consulta general y de acompañamiento en la lectura de las señales del propio operador. Aquí quedan fijadas las definiciones y los límites que suelen prestarse a interpretaciones distintas.
Es un intercambio de preguntas sobre el enfoque, el tipo de señales que se registran y la forma en que se comunican los avisos durante una sesión. No es una sesión de asesoramiento financiero, no incluye recomendaciones de instrumentos ni de tamaño de posición, y no genera ningún compromiso de seguimiento. Tampoco implica que se abra un expediente personal ni que se guarde un historial clínico del operador.
La estimación de carga cognitiva y de impulsividad es una lectura operativa, no una evaluación médica ni psicológica. No identifica trastornos, no sustituye el criterio de un profesional de la salud y no debería usarse como base para decisiones clínicas. Si aparece una duda de ese orden, corresponde resolverla fuera de este sistema y con quien tenga competencia para hacerlo.
Cuando se detecta tensión emocional anómala, el margen disponible baja de forma automática y aparece un aviso en pantalla. Esa bajada no sanciona al operador ni bloquea la sesión: es una interrupción acotada del margen de riesgo. Durante esa pausa se pueden cerrar posiciones abiertas y revisar el historial reciente antes de retomar la actividad. El ajuste responde a la lectura del momento, no a una evaluación acumulada de la persona.
No hay cuentas de usuario, ni pruebas gratuitas, ni demostraciones guiadas, ni acceso a un panel de control propio. Tampoco se ofrecen credenciales de operación, integraciones con brókeres ni ejecución de órdenes por parte del sistema. Lo que se describe en esta página es el alcance del acompañamiento y de la consulta, no un producto listo para instalar.
El canal disponible sirve únicamente para consultas generales. No se promete un plazo concreto de respuesta ni un nivel de servicio determinado, y escribir no crea ningún tipo de reserva, turno ni prioridad. Si la consulta excede el alcance descrito aquí, la respuesta será indicarlo con claridad en lugar de derivarla a un servicio que no existe.
Las señales que se usan son patrones de movimiento ocular y temblor de la mano, interpretados junto al ritmo de clics, las pausas y la hora del día. Ninguna de esas señales se toma de forma aislada: una misma amplitud de temblor puede corresponder a tensión normal o a fatiga acumulada según el contexto de la sesión. Por eso los avisos se comunican como observaciones del momento y no como conclusiones cerradas sobre el estado del operador.